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Son muchos los años que llevo practicando esta modalidad cinegetica, esta pasión que para mí es la caza con arco. Tantos y tan diferentes lances vividos, pero con ese punto de coincidencia entre ellos.
En estos momentos rondan por mi cabeza numerosas anécdotas, lances y tantas cosas que me gustaría decir... pero no puedo soltarlas todas de golpe y porrazo.
Después de muchas, muchísimas jornadas de caza, y prestando toda mi atención en cada una de ellas. He llegado a deducir numerosas conclusiones, para poder enseñar, y ayudar en muchas dudas que podamos tener sobre este deporte... ( LA CAZA CON ARCO.)
Sobre lo que posteriormente voy a redactar. A muchas personas les puede sonar a ( cachondeillo) pero estoy seguro que si vuelve a recordar algún lance vivido, seguro que estarán conmigo.
Todos y cada uno de nosotros sabemos lo difícil que resulta engañar a un conejo, una paloma, incluso a un mirlo, sin dejar de mencionar al astuto jabalí.
Nosotros los cazadores arqueros tenemos un lema: ( Ver sin ser vistos, oír sin ser oído, andar sin ser sentido.).
Ahora bien, imaginémonos; Conducimos nuestro coche a diario, un buen día notamos una pequeña vibración, un chirrido, o incluso, un olor que para nosotros no es familiar.
¿Que es lo primero que pensamos...? Seguro que todos coincidimos en la misma respuesta, (Que algo raro esta pasando.) Pues bueno, a los animales les pasa algo parecido. Pueden llegar a cambiar su ruta simplemente por algo tan insignificante como una pequeña “rama rota”, o incluso el canto de un pajarillo. Atención señores... no estamos solos en el monte. No-solo tenemos que estar pendientes de ese animal abatir... Sino debemos tener cuidado con esos pequeños animales que con sus sonidos de peligro puedan delatar nuestra presencia y alertar a nuestra presa. Es ley de vida en la naturaleza.
Cuando hablamos de camuflaje, no debemos olvidar que es algo esencial. No vale en ponerse una ropa de cualquier tipo de camuflaje, debemos estar a tono con la vegetación de ese entorno, mas clara, más oscura... etc. Por la noche un camuflaje claro podría delatarnos con su brillo, y uno oscuro seria pintar una gran sombra que los animales extrañarían.
Si cazamos de día y en campo abierto, personalmente yo, obtaria por una ropa del color parecido a la del suelo y de un color caqui, verde, o similar, pero siempre teniendo en cuenta que haya algún tipo de arbusto o alguna roca que dibuje sobre nosotros una especie de “ sol y sombra”, que claramente difuminara nuestra imagen. (Siempre haciéndolo en espera) Este tipo de camuflaje nos viene de perlas cuando cazamos en el fondo de un barranco y los animales nos entran de arriba.
¡ ¡ OJO ¡! En ningún momento nuestra imagen deberá estar expuesta al horizonte, ya que los animales tienen, pienso, grabada en su memoria, mas la parte de nuestra cabeza con los hombros que cualquier otra parte de nuestro cuerpo.
Tenemos y debemos tener en cuenta que nos moldearemos... como “ plastilina” en un medio que no es el nuestro. En ese caso pensaremos que somos rocas, arbustos u otro animal que merodea por el terreno.
El camuflaje no solo debe de ser solamente para que los animales no nos vean, sino también para que no nos oigan.
Comprobaremos que nuestro arco este perfectamente insonorizado, y... sabéis cual es la mejor manera de escuchar los más mínimos sonidos... pues en una pequeña habitación de nuestra casa, y siempre a oscuras. Es este un aspecto muy importante a tener en cuenta.( abriremos nuestro arco una y otra vez).

Ahora lanzo una pregunta: ¿ a quien le apetece salir de caza un día de lluvia? A nadie, pero es nuestro gran aliado en el monte, camufla todos nuestros ruidos, al igual si lo hacemos a orillas de un rió, al lado de una pequeña catarata o algún rapido que rompa el agua.
Aunque no lo parezca, también tenemos que catalogar como camuflaje, el imitar sonidos. Podemos ver que existen mil y una maneras de engañar a los más cautelosos.
No solo el ingenio sirve para animales astutos y escurridizos como el jabalí, sino tan bien para animales, que aunque no lo parezca tienen una gran vista y oído, hablamos de “la paloma”.
Un buen día, en tiempo de setas, ósea, en el mes de octubre, nos encontramos un desmogue de ciervo, al cual poca utilidad se le podía dar... su estado era pésimo ya que gran parte de el se lo habían comido los ratones. Gracias a que en mi zurrón siempre viene conmigo una sierra de hilo, amiga inseparable de un cuchillo, un GPS y un botiquín de primeros auxilios, pude cortar a la altura de la contraluchadera, y asi poder compartir con esos pequeños animalitos lo que el monte nos había dado.
Pero... un momento, me pare a pensar, con la roseta puedo hacerme un adorno para mi arco, y con la luchadera si la vacío y la dejo hueca... puedo hacerme un silbato. En efecto, con mucha paciencia, obtuve un bonito silbato. Después de algún que otro ajuste, por fin lo hice sonar... con la sorpresa de que sonaba idéntico al canto de un “halcon peregrino”, especie que abunda por mi tierra. Pase muchas horas en el monte, escuchaba con detenimiento el canto de esta especie. Fue como volver aprender a hablar.
La utilidad que yo le di a este fue... Esperando a las palomas en una charca de agua, y cuando ellas bebían, lo hacia sonar. La reacción fue la esperada... cada vez que lo tocaba las palomas se agachaban y apenas se distinguían, como medida ante el ataque de tal rapaz. Entonces es el momento preciso para soltar nuestra flecha.
Otro factor a tener en cuenta son los mirlos, u otra clase de pajarillo, que en el ocaso buscan un sitio tranquilo y seguro para pasar la noche a salvo de mil depredadores.
Nos pueden servir de gran ayuda, pero a su vez, nos pueden fastidiar mas de una jornada cinegetica. Vuelvo a repetir... NO ESTAMOS SOLOS EN EL MONTE.
Los jabalies, los ciervos, o cualquier otra especie de caza mayor, en su cerebro almacenan gran cantidad de sonidos, y saben distinguir si son de peligro, de cortejo, etc. La naturaleza les a enseñado a esquivar mas de un susto de esta manera.
Si nos colocamos a esperar a una res en un paso obligado o en un cebadero y nos detecta un simple mirlo, ten por seguro que su canto de peligro, o incluso su manera de volar... puede delatar nuestra presencia.
Y... ¿qué pasaría si cambiamos los papeles? En estos momentos tenemos un punto a nuestro favor. Empezamos la jornada de caza, el Sol cae, los pájaros entran por bandos al dormidero, siempre en línea recta y ordenadamente. De repente, en medio de la espesura sentimos que más de algún pájaro sale volando, y nunca mejor dicho, despavorido y haciendo un sin fin de zic zags. En primer lugar pienso que algo les ha asustado, sentimos su nerviosismo... y empieza el nuestro, es el momento de estar alerta, posiblemente sea nuestro amado y esperado huésped que acude puntual a nuestra cita.
Que conclusión se le pueden dar a estas palabras, yo he llegado a una, ” instinto de predador ”. La naturaleza te crea un instinto, si lo mezclamos con un poco de ética, estoy seguro que algún día llegaremos a ser CAZADORES. Seguramente nosotros, los cazadores arqueros, a lo largo de nuestra vida, recibiremos numerosas acusaciones, criticas, etc. No debemos darles la mayor importancia. A veces el silencio es la mejor respuesta.
La caza con arco es un arte ancestral, y pienso que lo que verdaderamente necesitamos son oportunidades. No pedimos compasión sino RESPETO.
Suerte y buena caza
Antonio D. CH.( Faena)
PROFESIONAL HUNTING |
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